De torres de cristal a rascacielos sólidos

Click here to read this post in English.

 

En 1921, de forma silenciosa el joven Mies van der Rohe provocó una revolución arquitectónica al diseñar el primer rascacielos del mundo con muros de cristal. En respuesta a un concurso que buscaba ideas para un terreno triangular cerca de la Estación Friedrichstrasse en Berlín, plasmó una resplandeciente torre que se elevaba por encima de sus corpulentos vecinos de mampostería.

La representación del edificio de oficinas de Friedrichstrasse propuesto por Mies van der Rohe

Aunque no llegó a construirse, unas pocas décadas después el diseño logró convertirse en un modelo aproximado para rascacielos desde Yakarta hasta Johannesburgo. A pesar de los retos de diferentes frentes — -los urbanistas que argumentan que la tipología inspira paisajes urbanos genéricos, o los postmodernistas que pregonan que menos es monotonía — el modelo de la torre de cristal sigue predominando. Si hay un rascacielos cerca de usted hoy día, lo más probable es que se deba en gran parte a la visión de la época de Weimar de Mies.

Un rascacielos sólido en la ciudad de México

El arquitecto Benjamín Romano cree que esta era está llegando a su fin. “Mies nos enseñó en los años 50 a amar las cajas de cristal,” comenta. “Todos estábamos enamorados de su trabajo. Era fantástico. Pero no pensó en los efectos ambientales de esa decisión porque, pensaba, ‘Le pondremos [sistemas] mecánicos y todos estaremos felices.'”

Edificio Seagram

Si adelantamos la cinta casi setenta años, el consumo de energía de los edificios se ha convertido en uno de los principales causantes del cambio climático: es responsable de alrededor de la mitad de todas las emisiones de CO2, según algunas estimaciones. Como resultado de esto, Romano cree que el cambio de sistemas de edificio mecánicos a pasivos — y por lo tanto a edificios más opacos — es inevitable.

“El Instituto Americano de Arquitectos (AIA por sus siglas en inglés) promete que para el año 2030 reducirá el impacto de carbono a cero,” comenta. “Es una tarea muy difícil, pero ciertamente somos firmes. Sí, respetamos mucho a Mies van der Rohe, pero volvamos a Wright, a Le Corbusier, a Saarinen, aquellos grandes arquitectos que podían hacer edificios sólidos con buenas penetraciones para dejar pasar la luz, o el viento.”

Su diseño de la Torre Reforma en la Ciudad de México ha recibido elogios por tener en cuenta esto.

Torre Reforma

Al igual que la propuesta de Friedrichstrasse de Mies, el rascacielos de 57 pisos, inaugurado el año pasado, es triangular. Pero, en lugar de envolver la torre en cristal, Romano cubrió dos de sus tres lados con concreto.

Las fachadas opacas de Torre Reforma evitan que la energía solar no deseada entre en el edificio, lo cual reduce la necesidad de aire acondicionado sin sacrificar la comodidad de los ocupantes. Aunque ésta es una victoria importante desde el punto de vista de las emisiones, se trata tan sólo de uno de los muchos beneficios que la selección de materiales ha traído al proyecto.

Vista interior con luz natural a través del acristalamiento lateral del edificio

La sustitución de cristal por concreto pesado en dos de sus lados eliminó la necesidad de columnas interiores de carga y permitió tener planos abiertos, al mismo tiempo que redujo significativamente los costos de material. Los espacios colocados estratégicamente en los muros sólidos disipan la energía sísmica durante un terremoto (una amenaza cierta en la Ciudad de México), ya que permiten que la estructura se doble sin agrietarse.

Vista desde el interior de la Torre Reforma

Diseño local

Durante el desarrollo del diseño, Romano se inspiró en la arquitectura vernácula local, así como en obras maestras internacionales. “La arquitectura mexicana es muy tectónica, muy sólida. No es como los rascacielos de Manhattan,” comenta.

Pirámides de Teotihuacán en las afueras de la Ciudad de México

Durante el periodo pre-hispánico y la Colonia, era común que los edificios se construyeran con piedra pesada. A lo largo de los siglos, este estilo floreció por una simple razón: es una buena opción para el entorno local, particularmente con respecto a la sismicidad.

Para Romano, la imbricación estrecha entre tierra, clima y cultura — la historia natural y social que hace única a cada ciudad — es una razón clave para que los diseñadores piensen más allá de las interpretaciones estándar del Eestilo Internacional. “Quizá puedes ver una torre de cristal en Alaska, o tal vez aquí [en la Ciudad de México], o en muchos lugares. Eso es un gran error,” comenta.

Catedral de Oaxaca

Por supuesto que replicar la Torre Reforma (o cualquier otro edificio) en el mundo no es la solución. En cambio, Romano cree que los diseñadores tienen que hacer que la delicada traducción de los precedentes globales a entornos locales sea la nueva norma.

Arup brindó servicios de diseño multidisciplinarios para Torre Reforma.

Print this post
Read More Articles